Un tour por Trieste no puede partir de otro lugar que no sea la magnífica Plaza de la Unità d’Italia, con el estilo neoclásico y vienés de sus palacios y la sugerente vista que ofrece al abrirse al golfo es una de las plazas más grandes de Europa que se asoman al mar. La plaza alberga distintos edificios de interés, entre ellos el Palacio del Gobierno, antiguo palacio de la lugartenencia austríaca y actual sede de la prefectura, espléndido con su balconada revestida de mosaicos en cristal de Murano y piedra blanca; el Palacio Stratti con su histórico Caffé degli Specchi; el Municipio de Trieste, dominado por la torre campanario y con la Fuente de los Continentes enfrente y el blanquísimo Palacio del Lloyd Triestino, antiguo Palacio Pitteri, hoy sede del gobierno regional.

Hay que visitar la Catedral de San Justo del siglo XIV, resultado de la unión entre la iglesia románica de San Justo y la de la Asunción. La iglesia con sus mosaicos, su espléndido rosetón gótico y el campanario adyacente, domina el núcleo histórico de la ciudad. No lejos de aquí se encuentra la fortaleza-museo del Castillo de San Justo. Testimonios históricos de época más antigua nos los ofrece el Arco de Ricardo, del siglo I d.C., y el Teatro romano, del siglo II d.C., utilizado para espectáculos teatrales estivales.

Famosísimo es, en las colinas Gretta, el imponente Faro de la Victoria, monumento de piedra istriana de Orsera y de roca kárstica de Gabria, dedicado a los caídos en la Primera Guerra Mundial. Merece la pena hacer una visita al blanco Castillo de Miramare, que parece salido de un cuento de hadas, en medio de un verde parque y con vistas al mar. Otros puntos de interés de la ciudad son el Canal Grande, prolongación del puerto del centro urbano que desemboca en la fachada neoclásica de la iglesia de San Antonio Nuevo; la Basílica de San Silvestre, uno de los más antiguos lugares de culto de la ciudad, la Sinagoga y el bellísimo Templo serbo-ortodoxo de la Santísima Trinidad y de San Espiridión, testigos de la mezcolanza cultural y religiosa de la ciudad.

Pero Trieste no son sólo monumentos, iglesias, museos y palacios: vale la pena también hacer una visita a sus celebérrimos cafés históricos, como el de San Nicoló. símbolos de la pasión típicamente triestina, por el café y por esos lugares de encuentro y de fermentos literarios, donde importantes escritores y poetas del calibre de James Joyce, Italo Svevo, Umberto Saba se reunían a menudo para lecturas y debates. Una cita actual hoy como ayer, que hay que vivir de día y de noche.